Las Revueltas en los Reinos Hispánicos

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Las Revueltas en los Reinos Hispánicos

Mensaje  Stil el Vie 13 Feb 2009, 10:57

Es importante saber ver las diferencias evidentes que existen entre las revueltas francesas de las decadas de 1640-1650 a sus equivalentes en los reinos hispànicos; a pesar de que el orígen de ambas podemos encontrarlas en la presión economica, material, demográfica y politica causada por la Guerra de los Treinta Años, las diferencias en lo que a estructura de poder y distribución demográfica de la población se refiere hacen que el caràcter de las revueltas hispànicas poco a nada tengan que ver con sus equivalentes francesas.

Además, la propia articulación territorial de los reinos hispánicos, mucho más dispersos que las posesiones de Luis XIV, casi corpuscular en comparación, hace que unos mismos problemas generalizados den pié a diversas revueltas simultáneas en los diferentes territorios, distantes entre si y, por tanto, poco relacionadas unas con otras.

Por otro lado, seria simplista considerarlo un "reflejo" de la Fronda: la dispersión, duración y multiplicidad de focos de revuelta es evidentemente diferente, hasta el punto de que mientras la Fronda es una revuelta específica, último intento de la nobleza de subyugar a la Corona, en el caso hispano las revueltas deben ser percibidas más bien como una crisis secular, señal inequívoca de una monarquia agotada, incapaz de mantener unidos los territorios que la componían.




Desde la historiografia moderna, se aluden principalmente a dos tipos variables como causa principal de la crisis: Las de carácter económico, y las dificultades militares que la Guerra de los Treinta años imponían a la corona.

En lo economico, y relacionado con la crisis internacional reinante, la Hacienda de Felipe IV veía como sus políticas aún mercantilistas, desequilibradas y deficientes, presentaba diversos problemas endémicos que a duras penas permitían un mantenimiento del status quo y, mucho menos, un saneamiento de las cuentas públicas.

- Los ingresos provinientes de las colonias americanas habían decaído, debido a problemas de tipo estructural (extracción de metales preciosos estancada o en declive desde finales del siglo XVI), y incluso así, era imposible asegurar ésa fuente de ingresos, dependiente del sistema de flotas sometido al azar de las tempestades y la presión de piratas y potencias navales emergentes)
- La principal fuente de ingresos de la Corona, los impuestos provinientes del reino de Castilla, también disminuyeron, debido a la despoblación que mostraba el reino y, sobretodo, a unas Cortes que dificultaban la concesión de fondos, condicionandolos a peticiones que no hacían más que minar los cimientos de la posición realicia. El resto de terriotorios, por otro lado, contribuían más bien poco a la Hacienda Pública.
- La venta de señoríos en la peninsula, a pesar de ser una fuente de ingresos segura, también minaba el poder real, al revertir a un proceso de feudalización y disminuir los ingressos que, de otra manera, el Rey habría percibido directamente.
- La política monetaria, tendiente a la devaluación de la moneda para evitar la inflación, trajo pareja un debilitamiento generalizado de la economia peninsular, disminuyendo el beneficio neto obtenido por el comercio internacional.
- Por último, la endémica deuda pública, casi siempre creciente, no hacía más que complicar aún más la delicada posición economica de una España que veía la bancarrota casa vez más cerca.

En lo internacional, no hace falta extenderse demasiado; recordemos que se mantenían abiertos frentes en toda Europa para manter unido un conjunto territorial disperso y poco cohesionado, de valor estratégico muy dispar (Península Ibérica, sur de Flandes, media Italia, enclaves entre Francia y Alemania), sin descuidar el Imperio ultramarino, a la vez que se sigue una política de prestigio en defensa de la religión católica y de la rama austriaca de los Habsburgo, sin apenas beneficios tácticos, y que enfrentó a la monarquia peninsular con las potencias protestantes y la Francia de Richelieu. A pesar de que los Tercios aún mantenían su superioridad militar en el continente, derrotas como las de Rocroi (1643) y las Dunas (1658) señalaban el inicio de una época de decadencia para unas armas españolas que habían dominado, durante casi un siglo, los campos de batalla europeos.
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La Sublevación de Cataluña.

Mensaje  Stil el Sáb 14 Feb 2009, 11:57

Tradicionalmente, las tropas con las que contaba la Corona provenían de Castilla, y a pesar de que Napoles y Flandes normalmente controbuían a su propia defensa, y ocasionalmente Navarra, Aragón y Valencia también participaban de los gastos, humanos y economicos, del esfuerzo bélico. Por contra, otros territorios como Portugal o Cataluña se habían negado, casi endémicamente, a participar de éstos.

Ante ésta situación el valido del Rey, el Conde Duque de Olivares, presentó el proyecto de la Unión de Armas, por la que se pretendía hacer partícipes a todos los territorios de la corona del gasto de guerra de forma más o menos proporcional; evidentemente, las negociaciones entre el Conde Duque y las Cortes Catalanas fué árdua y tensa, salpicadas de desaires protocolarios e incapacidad de llegar a un acuerdo.

Probablemente en respuesta, Olivares decidió hacer del norte de Cataluña un nuevo frente estático, de tal manera que si las Cortes no participaban de los gastos de la guerra, si lo hicieran los campesinos que se veían obligados a alojar y mantener a los soldados en sus propias casas; mientras, el clero también estaba en contra de ésta situación, incluyendo algunas figuras prominentes (como serían el Obispo de Girona o Pau Claris, canónigo de Urgell y Presidente de la Generalitat). La nobleza, por su parte, también estaba en contra del virrey, el conde de Santa Coloma, por su incapacidad de defender sus intereses ante el conde duque.

En mayo de 1640, campesinos gerundenses atacaron a los tercios que acogían. A finales de ese mismo mes, los campesinos llegaban a Barcelona, y a ellos se unieron los segadores en junio, y pronto la revuelta se encontró con la ciudad a su merced. Se asesinaron a funcionarios y jueces reales. Asimismo, el virrey Dalmau de Queralt fue asesinado cuando intentaba huir por mar en una playa barcelonesa. Estos sucesos tuvieron lugar durante la festividad del Corpus Christi, que se celebra 60 días después del Domingo de Pascua.

La situación cogió por sorpresa a Olivares, ya que la mayoría de sus ejércitos estaban localizados en otros frentes y no podían acudir a Cataluña. Pese a que Olivares optó por la prudencia a toda costa y trató de echar marcha atrás el 27 de mayo de 1640, la situación se le escapaba de las manos. El odio a los tercios y a los funcionarios reales pasó a generalizarse contra todos los hacendados y nobles situados cerca de la administración. Ni siquiera la Generalitat, que proclamó la República Catalana, podía ya controlar a los rebeldes, que se apoderaron del puerto de Tortosa, que acabaría ofreciendo a la armada francesa otro punto de desembarco seguro para invadir el principado. Escapando del control que intentaba establecer la oligarquia catalana, la sublevación derivó en una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y ricos de las ciudades que también fueron atacados: Una auténtica revolución social se estaba fraguando, más allá de la autoridad de los nobles o los reyes de un o otro lado de los Pirineos.

Conscientes de su incapacidad de reducir la revuelta y sus limitaciones para dirigir un estado independiente, los gobernantes catalanes se aliaron con el enemigo de Felipe IV: Luis XIII. Richelieu no perdió una oportunidad tan buena para debilitar a la corona española. Olivares comienza a preparar un ejército para recuperar Cataluña con grandes dificultades ese mismo año de 1640 y en septiembre la Diputación catalana pide a Francia apoyo armamentístico.

En octubre de 1640 se permitió a los navíos franceses usar los puertos catalanes y Cataluña accedió a pagar un ejército francés inicial de 3.000 hombres que Francia enviaría al condado. En noviembre, un ejército de unos 20.000 soldados recuperó Tortosa para Felipe IV, en su camino hacia Barcelona; dicho ejército provocó abusos sobre los prisioneros que determinaron a los catalanes a oponer una mayor resistencia. Cuando el ejército del marqués de los Vélez se acercaba a Barcelona estalló una revuelta popular el 24 de diciembre, con una intensidad superior a la de Corpus, por lo que Claris tuvo que decidirse por una salida sin retorno que tampoco era la deseable: pactar la alianza con Francia en contra de Felipe IV. El 16 de enero de 1641 anunció que Cataluña se constituía en república independiente bajo la protección de Francia, pero el 23 del mismo mes pasó a anunciar que el nuevo conde de Barcelona sería Luis XIII de Borbón, rememorando el antiguo vasallaje de los condados catalanes con el Imperio Carolingio. En enero de 1641 Cataluña se sometió voluntariamente al gobierno del rey de Francia y la Generalidad proclama conde de Barcelona y soberano de Cataluña al rey Luis XIII de Francia como Luis I de Barcelona. Ese mismo año, el 26 de enero, un ejército franco-catalán defendió Barcelona con éxito, el ejército de Felipe IV se retiró y no volvería hasta diez años más tarde. Algo después de esta defensa victoriosa moriría Pau Claris.

Cataluña se encontró siendo el campo de batalla de la guerra entre Francia y España e irónicamente se pasaron a la situación que durante tantas décadas habían intentado evitar: sufragar el pago de un ejército y ceder parcialmente en su administración a un poder extranjero, en este caso el francés. La política francesa respecto a Cataluña estaba dominada por la táctica militar y el propósito de atacar Valencia y Aragón.

Luis XIII nombró un virrey francés y llenó la administración catalana de conocidos pro-franceses. El coste del ejército francés para Cataluña era cada vez mayor, y cada vez más se mostraba como un ejército de ocupación. Mercantes franceses comenzaron a competir con los locales, pero favorecidos por el gobierno francés, que convirtió a Cataluña en un nuevo mercado para Francia. Todo esto, junto a la situación de guerra, la consecuente inflación, plagas y enfermedades llevó a un descontento de la población que iría a más, consciente de que su situación había empeorado con Luis XIII respecto a la que gozaban con Felipe IV.

En 1643, el ejército francés de Luis XIII conquista el Rosellón, Monzón y Lérida. Un año después Felipe IV recupera Monzón y Lérida, donde el rey juró obediencia a las leyes catalanas. En 1648, con el Tratado de Westfalia y la retirada de sus aliados los Países Bajos de la guerra, Francia comienza a perder interés por Cataluña. Conocedor del descontento de la población catalana por la ocupación francesa, Felipe IV considera que es el momento de atacar y en 1651 un ejército dirigido por Juan José de Austria comienza un asedio a Barcelona. El ejército francocatalán de Barcelona se rinde en 1652 y se reconoce a Felipe IV como soberano y a Juan de Austria como virrey en Cataluña, si bien Francia conserva el control del Rosellón.




El Conde Duque de Olivares


Última edición por Stil el Sáb 14 Feb 2009, 15:15, editado 1 vez
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Las Revueltas Italianas

Mensaje  Stil el Sáb 14 Feb 2009, 12:15

En diciembre de 1646, en medio de un ambiente de epidemias, hambre y sequía, el virrey español de Nápoles, duque de Arcos, impuso un nuevo impuesto sobre la fruta, alimento y principal comercio de la población napolitana. Ante las propuestas del pueblo, el virrey prometió en varias ocasiones quitarlo, pero la promesa se fue dilatando indefinidamente. En 1647, apareció quemada la garita donde se cobraba dicho tributo, al mismo tiempo que llegaba el aviso de la sublevación de Palermo; El tumulto se inició en el mercado, entre los vendedores y compradores de fruta y estos alborotos fueron creciendo hasta trasladarse al propio palacio del virrey, objeto de múltiples destrozos.

El 7 de julio de 1647 un pescador, Tomasso Aniello (al que apodaban Masaniello) reunió a numerosos jóvenes, los cuales llegaron hasta el palacio del virrey solicitando la caída de los impuestos. La muchedumbtre obligó al duque de Arcos a huir al Castel Sant'Elmo, mientras Nápoles se convirtía en una inmensa hoguera bajo el mando de Masaniello.



El inicio de la Revuelta de Masianello, en la Plaza del Mercado de Nápoles, el 7 de julio de 1647


Ante el terrible cariz que adoptaban los acontecimientos, el duque de Arcos se vio obligado a conceder la suspensión de los impuestos e, incluso, se avino a recibir a Masaniello, quien pidió calma al pueblo. Para celebrar la jura de las nuevas concesiones, se preparó una ceremonia a la que acudieron el virrey, Masaniello, los ministros del Consejo Colateral y el cardenal Ascanio Filomarino, arzobispo de Nápoles. Este roce con los poderes fácticos acabó tiranizando a Masaniello, al tiempo que el pueblo se cansaba ya de sus crueldades. Éste fue asesinado mientras arengaba a una muchedumbre en el mercado el 16 de julio de 1647.

Tras la muerte de Masaniello, la revuelta adoptó un carácter separatista apoyada por la Francia de Mazarino, cuyos bajeles y galeones se acercaban a Nápoles; así, con el apoyo francés, los napolitanos se manifestaban abiertamente contra el Rey de España y aclamaban, en su lugar, al duque de Guisa, Enrique de Lorena, que pronto y de incógnito llegó a Nápoles bajo auspicio galo.

Mientras tanto, una expedición española al mando de Don Juan de Austria recibía órdenes de ir hacía Menorca para averiguar el estado y disposición de la flota francesa que se acercaba a Nápoles. Al mismo tiempo, pero, otra flota francesa desembarcaba en Barcelona, leal a Felipe, lo que obligó a desviar la atención de ésta flota, que tuvo que postergar el acercamiento a posiciones italianas.

Los ministros del Rey temían que el caso Napolitano siguiera el ejemplo de Cataluña y Portugal, que se acercaban ya a una situación de secesión, por lo que los esfuerzos para socorrer Nápoles se redoblaron; el 1 de octubre de 1647 la armada llegó a Nápoles, iniciándose las negociaciones entre Don Juan de Austria y los líderes Napolitanos, cuyas peticiones se resumían en la dimision del Virrey de Arcos, la concesión de una amnistía general, y la confirmación de las capitulaciones juradas por el virrey respecto a los nuevos impuestos. La confianza y libertad de acción que Felipe IV otorgaba a su hijo le permitió contar con el apoyo de la nobleza y establecerse como virrey, después de que en enero de 1648 el Duque de Arcos abandonara definitivamente Nápoles.

Ante la proliferación de los rumores sobre la pronta llegada de la Armada francesa, Don Juan se apresuró a efectuar un reconocimiento de las fortificaciones enemigas, así como de la ciudad, decidiendo acuparla con su tropa de infantes españoles, italianos y alemanes, con el apoyo de los caballeros de Nápoles. La población civil colaboró en la ocupación, recibiendo con los brazos abiertos al nuevo gobernante: unos por cansancio, otros escandalizados por las ligerezas francesas y, la mayoría, por temor a las posibles represalias de los españoles.

El conde de Oñate concedió un indulto a todos los presos que no fueran franceses. El duque de Guisa, enterado de las victorias españolas, intentó escaparse a los Estados Pontificios pero fue apresado y llevado al castillo de Gaeta para posteriormente ser traladado al Alcázar de Segovia. Poco a poco, y a imitación de Nápoles, se fueron reduciendo a la obediencia del rey católico todas las demás ciudades. Además, se reducieron finalmente los impuestos, con lo que el pueblo acabó aceptando a Don Juan como virrey definitivo, siendole otorgado el título por su padre poco después.
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